jueves, 11 de abril de 2013

El extranjero, Albert Camus




Como he tenido el blog muy abandonado estos meses creo que no sería correcto hacer una reseña de los libros que me he leído mientras estaba ausente. Esas cosas siempre sientan mejor cuando están recientes y aun tienes los ecos de ese libro resonando en tu cabeza. Así que la reseña de esos libros se perderán -como lágrimas en la lluvia- hasta que se me crucen las dos neuronas cuerdas que me quedan y me de por volver a leerlos. 

El último libro que me he leído y del que sí habrá reseña es El extranjero de Albert Camus. Uno de esos clásicos obligatorios y el primero de 'Los 100 libros del siglo de Le Monde', en el que abundan títulos franceses, como es lógico, e imagino que será considerado como uno de los mejores de la literatura en ese idioma. Reconozco que no sé apenas nada del autor, sólo lo que se chiva la wikipedia; y tampoco había leído absolutamente nada del libro o el argumento cuando empecé a leerlo. 

Guía moral e intelectual de la generación llegada a la madurez entre las ruinas, la frustración y la desesperanza de la Europa de postguerra, Albert Camus (1913-1960) saltó a la fama con la publicación, en 1942, de EL EXTRANJERO. La novela -lúcida descripción de la carencia de valores del mundo contemporáneo- tiene como referencia omnipresente a Meursault, su protagonista, a quien una serie de circunstancias conduce a cometer un crimen aparentemente inmotivado; su muerte en el patíbulo no tendrá más sentido que su vida, corroída por la cotidianidad y gobernada por fuerzas anónimas que, al despojar a los hombres de la condición de sujetos autónomos, les eximen también de responsabilidad y de culpa.

Tengo que indicar que antes de leer el libro tampoco había leído ninguna sinopsis como la que hay arriba, que está sacada directamente de casadellibro. Creo que es importante decir esto porque sinopsis como esa ya te indica la interpretación que debes sacar del libro y que yo, al no haber leído nada, no era algo en lo que iba a orientarme.
Admito que el libro apenas me ha gustado. Lo he terminado, eso sí, pero supongo que sólo lo he terminado porque es muy corto (algo menos de 150 páginas) y lo pude leer en una tarde. No sé si fue la mezcla de leerlo en el tren, que a veces me marea cuando voy leyendo, o que no era el tipo de lectura que me apetecía en ese momento lo que propició que yo estuviese deseando que se terminase.
Me ha parecido un libro lento en el que no he conseguido identificarme con ningún personaje ni con ninguna situación. El protagonista , Meursault (al que no sé por qué motivos me dio por cambiarle el nombre a Albert) es una persona totalmente indiferente a todo lo que le rodea, sin valores ni convicciones hacia nada. Durante un momento del libro expresé en voz alta que el personaje 'no tenía alma', para que, curiosamente, unas cuantas páginas más adelante otro de los personajes acusase al protagonista de eso mismo.
Mientras lo leía no podía dejar de pensar que Meursault, antes de que cometiese el asesinato que yo no sabía que iba a ocurrir, era un asesino en potencia por su falta de empatía. Así que ver que mataba a alguien no fue ninguna sorpresa.

Puedo entender la indiferencia del protagonista hacia todo lo que le rodea porque, como suelo decir de vez en cuando, 'a veces tengo la sensación de vivir sólo por inercia'. No le condeno por no llorar la muerte de su madre, como finalmente terminan haciendo en el libro. Si le condeno, en todo caso, es porque en el libro se termina echando la culpa de la indiferencia a la sociedad que deshumaniza al hombre cuando la sociedad que rodea a Meursault sí que intenta integrarlo. Muy a su manera, cierto, pero no le excluyen de la sociedad ni cuestionan su falta de valores hasta que no llega el juicio.
Meursault no consigue encontrar la felicidad o la pasión en la sociedad, ni la religión o el amor. Tampoco es capaz de encontrar la tristeza en la muerte de los seres queridos. Finalmente descubre que la felicidad siempre había estado dentro de si mismo, no en el exterior y que él es el extranjero dentro de su propia sociedad. Pero, y aquí es donde a mí me falla el libro, si la felicidad siempre había estado dentro de si mismo también debía haber estado lo infelicidad que había sentido antes y no en esa religión o esa sociedad que no han sabido darle lo que buscaba. Meursault es feliz e infeliz por sus propios medios, y lo habría seguido siendo con o sin sociedad, como lo había sido antes de conocer al resto de personajes del libro o que le hablasen de religión.
Me ha gustado la discusión entre la búsqueda de la felicidad a través de la religión que el protagonista no es capaz de comprender y así lo hace saber. El problema ha sido que, sin leer nada de la sinopsis o interpretaciones como la que aparecen en wikipedia, yo no he sacado ninguna conclusión en especial. Ha sido un libro sin más, que no me ha hecho pensar en echar la culpa a la sociedad y ni siquiera al propio Meursault. Ni he condenado al protagonista ni le he absuelto. En su juicio por no tener alma y sin ninguna indicación no he sabido si encontrarlo culpable o inocente.

Si me centro sólo en la parte literaria no tengo excesivas quejas ni excesivas alabanzas. Todo el libro está escrito desde el punto de vista de Meursault, sin apenas diálogos ni tampoco muchas descripciones ya que casi todo se centra en los pensamientos del protagonista y su apatía. El resto de personajes me han resultado desagradables por sus acciones, salvo alguna excepción puntual, pero cumplen la función de resaltar la incapacidad de Meursault de apreciar ningún sentimiento. La atmósfera del libro es sofocante. Y no es algo que diga yo, sino que es algo que el protagonista no para de repetir: la obra de desarrolla en Argel, y siempre habla del sol, del calor, del sudor; del sol, del calor, del sudor... llegando al propio punto de que en un momento termina justificando el asesinato  porque hacía demasiado sol. Así que terminas leyendo con la sensación de que estás en un horno y de que tú también estás sudando como el resto de los personajes.

Puede que yo no haya terminado de entender el libro, pero está claro que mi opinión es totalmente subjetiva y no querría condicionar a nadie para que lo leyese o no. Que a mí no me haya gustado no quiere decir que otra persona no pueda encontrarlo una maravilla. Está claro que si es considerado uno de los libros más influyentes será por algo. Y puede que lo lea dentro de unos años, con otras circunstancias personales,  y sepa ver lo que no he encontrado ahora. Pero, sintiéndolo mucho, ahora mismo no podría ser un libro que recomendaría.
De nota le pongo un dos de una puntuación de cinco.



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