lunes, 15 de abril de 2013

El arte de que te duela todo




Vengo a quejarme.
Creo que ese va a ser el único propósito de esta entrada, al menos en lo que encuentro la inspiración para escribir -escribir medianamente bien- una entrada sobre la película Los Vengadores, termino de ver la primera temporada de Supernatural, que es algo que hago todos los años, y acabo el libro de Los Caminantes; que ahora que estoy en racha de no soñar con zombies tengo que aprovechar con este tipo de lecturas.
Me distraigo y no me quejo.
Puedo quejarme de política ¡de esto tengo para escribir un libro! Porque yo, en mi incansable búsqueda hacia la imparcialidad, he descubierto que, por mi parte, los pueden desterrar a todos. El clásico 'la misma mierda con distinto nombre'. Pero realmente la política hoy no me apetece. Ya me fastidia con asiduidad cada uno de mis días como para dedicarla todavía más tiempo. También podría quejarme de lo desastrosa que es mi vida social. Vale, no me quejo del terreno de la amistad, aunque no me importaría que fuese un poco más extenso... pero lo que es perspectiva romántica no sabría asegurar quién huye más del tema: si ella de mí o yo de ella. No sé si será que me estoy volviendo republicana en esto de buscar príncipe o que con el tiempo tengo más la vista en el suelo que en las nubes, pero mis 'mariposas' no quieren dignarse a aparecer. Y, la verdad, no sé si sentirme agradecida o pensar que hay algo raro en mi cerebro. Como si el interruptor se hubiese quedado atascado en la posición de negación y no tenga demasiados alicientes para repararlo.
Ahora que lo pienso, ni siquiera quería quejarme de mi vida romántica.
Como dice la entrada: me duele todo. Me duelen los brazos, la espalda, las piernas y todo lo dolible en un cuerpo humano.

Son las maravillas del deporte.

Que me ha dado por buscar una vida sana y me he lanzado hacia los cantos de sirena que me susurran las buenas nuevas sobre piernas de modelo y vientre plano. Lo de resultados todavía está por ver, pero mis músculos, huesos y células ya los notan ¡los notan cuando me desplomo en el sofá y luego quiero volver a levantarme entre lastimosos quejidos!
Vengo a quejarme, de vicio, de que mi falta de costumbre hacia el deporte se esté burlando de mí con todo lo que sabe.
Dicen que el deporte es muy bueno para el insomnio y el estrés. Como de eso voy servida para varias vidas esperemos que, a parte de agujetas, con eso también contribuya un poco.

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