miércoles, 25 de abril de 2012

Se acabó el pacifismo



Se acabó.
La fiesta ha terminado y ahora nos piden a todos aquellos que no hemos sido invitados que recojamos el destrozo de sus juergas y sus atropellos. Con esa sonrisa burlona de quien se cree superior nos miran y nos lo ordenan, a la vez que nos exigen que les agradezcamos el poder haber escuchado el eco de su vergüenza, algo mucho más allá de lo que, al parecer, podíamos aspirar. Y siguen con su perfecta máscara de inocencia y pulcritud mientras nos dicen que de no hacerlo nos tendremos que enfrentar al desastre y a la miseria aun mayor de la que ellos nos condenan... como si el sol no fuese a salir mañana o el planeta vaya a dejar de girar porque ellos lo piden. Porque en su delirio de grandeza han llegado a creerse el abogado, juez y verdugo.
Y tienen razón en una cosa: se acabó.
Se acabó mi paciencia y mis ganas de aguantarlos. Se acabó eso de agachar la cabeza con cada nueva ley que nos hunde más en el fango. Se acabó el miedo y el dejar que atropellen todos esos derechos por los que nos precedieron lucharon y arriesgaron. Ahora es nuestro turno de arriesgar y de luchar. Porque esto, más que una crisis, es un cambio de sistema. Y yo no pienso dejar que ese cambio me lo impongan otros que detrás de una persona sólo ven cifras.

"Os dieron a elegir entre el deshonor o la guerra, elegisteis el deshonor y tendreis la guerra. "

 Porque quiero un mundo que sea justo, no la parodia a la que hemos llegado. Y si quieren guerra por mi parte la tendrán. Como ya he leído hoy: "Quien siembra vientos recoge tempestades, vosotros habéis sembrado tempestades, huracanes, ¡tornados!… estáis siendo, de hecho, los mejores inversores… vosotros que sois tan listos, ¡haced cálculos de cuánto os va a rentar tanta estupidez y codicia!"

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